El Oviedo encontró en un exjugador del Albacete la llave para abrir su primera victoria de la temporada. Pablo Sáenz marcó el único tanto del encuentro en el Carlos Belmonte y permitió al conjunto carbayón sumar sus primeros tres puntos del campeonato. Para el cuadro manchego, en cambio, la derrota vuelve a encender todas las alarmas: tres jornadas, tres tropiezos y ningún punto en el casillero.
El partido arrancó con demasiadas precauciones. Albacete y Oviedo se estudiaron durante buena parte del primer tramo, con escaso riesgo y todavía menos presencia en las áreas. Cuando el encuentro comenzaba a ganar temperatura llegó el primer contratiempo para los locales. Munir, uno de sus fichajes para esta temporada, tuvo que abandonar el terreno de juego en el minuto 18 por unas molestias musculares. Su debut apenas duró un cuarto de hora largo y Albarracín tuvo que ocupar su lugar.
El duelo comenzó a romperse pasada la media hora. Corpas empezó a aparecer con mayor frecuencia en el ataque manchego y, en el otro lado, Pablo Sáenz asumió protagonismo. El atacante oviedista ya había avisado en el minuto 38 y apenas cuatro después encontró el premio.
La jugada nació en las botas de Isfan, que encontró a Sáenz dentro del área. El ex del Albacete controló y sacó un zurdazo que, después de besar el poste, acabó en el fondo de la portería defendida por Mariño. La fortuna acompañó al Oviedo, pero también el oportunismo de un futbolista que no celebró el gol y pidió perdón a la que fuera su afición.
Reacción inerte
El Albacete intentó reaccionar antes del descanso, pero el 0-1 se mantuvo al paso por vestuarios. El Oviedo regresó mejor al terreno de juego. Los de Javi Calleja fueron capaces de imponer su ritmo cuando superaban la línea del centro del campo y encontraron en Pablo Sáenz a su principal referencia para manejar el partido. Sin necesidad de generar un aluvión de ocasiones, el conjunto asturiano comenzó a sentirse cómodo con la ventaja.
El Albacete recibió además otro golpe en forma de lesión. Pepe Sánchez tuvo que abandonar el césped durante el segundo acto, ampliando una lista de bajas que empieza a convertirse en uno de los grandes problemas del equipo manchego.
Con el reloj corriendo en su contra, el Albacete dio un paso adelante. Los locales fueron encerrando progresivamente al Oviedo y acumularon posesión y metros en campo contrario, pero les faltó claridad en los últimos metros. El conjunto asturiano se replegó con orden y convirtió el tramo final en un ejercicio de resistencia.
La mejor oportunidad local llegó prácticamente a la desesperada. Un contragolpe dejó a Álex Rubio mano a mano con Aarón Escandell, pero el guardameta oviedista salió con rapidez y consiguió despejar el disparo raso. Fue el último aviso de un Albacete que acabó marchándose del Carlos Belmonte entre los pitos de su afición.
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