Alcaraz sucumbe ante un titán llamado Djokovic

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Djokovic elimina (4-6/6-4/6-3/6-4) a Carlos Alcaraz del Open de Australia en un partido dramático. El murciano se puso por delante, pero la voracidad del balcánico no tiene fin. Alexander Zverev le espera en semifinales.

El inmortal Novak Djokovic

Novak Djokovic es un coloso. Novak Djokovic es un animal. Novak Djokovic es inmortal. El serbio disputará su semifinal de Grand Slam número 50 después de imponerse a Carlos Alcaraz en un encuentro para el recuerdo. Charli remó, luchó y se dejó todo en la pista, pero ni con esas pudo frenar el poderío del jugador más laureado de la historia. La Rod Laver Arena disfrutó de lo lindo de dos auténticos cracks de la raqueta. El viernes, Nole buscará su undécima final en Melbourne Park.

Un inicio extraño

Las expectativas estaban en todo lo alto. Bajo la noche ventosa de Melbourne, Carlos Alcaraz y Novak Djokovic saltaron a la pista para enfrentarse por octava vez. El cara a cara favorecía al balcánico, que había logrado imponerse al español en el último precedente, la final olímpica de París 2024. El inicio del partido fue algo descafeinado, con errores en ambos lados de la pista. Igualdad sí, brillantez no. Llegados al 4-4, Alcaraz exhibió sus mejores golpes. Concentrado y decidido, el número 3 del ranking aprovechó las dudas físicas (tuvo que pedir tiempo médico) de Djokovic para adelantarse en el marcador. El primer set era suyo.

En el arranque del segundo set, la película no cambió. Djokovic continuaba con su ritual: gestos de dolor, muecas y quejas. Mientras tanto, elevó su nivel de tenis. Comenzó a restar como lo que es, el mejor restador de todos los tiempos. El saque, también le ayudó. Novak mostró su versión más agresiva, lanzando misiles tanto con la derecha como con el revés. Alcaraz bajó su intensidad y lo terminó pagando. Ante un rival como Djokovic, cualquier relajación puede resultar fatal. Así fue.

Novak Djokovic celebra un punto | Imagen: Cameron Spencer/Getty Images.

Oda al tenis

El tercer y el cuarto set fueron una delicia para cualquier aficionado a este deporte. El juego de ambos tenistas funcionaba a pleno rendimiento. Ahí, en esa guerra de guerrillas, volvió a emerger la figura de Djokovic. Reveses paralelos, restos a las zapatillas y saques que lamían las líneas una y otra vez. En definitiva, el Djokovic de siempre. Por otro lado, cada turno de saque de Alcaraz era un auténtico calvario. El titán serbio percutía y percutía, ahogando al murciano e impidiendo que dominase el juego con su derecha. Lo consiguió.

Pese a que el partido se puso feo para sus intereses, Alcaraz tiró de casta y orgullo. No se rindió en ningún momento. Lo que es de alabar. Notándose inferior, batalló y peleó hasta las últimas consecuencias. Incluso, en el cuarto set, tuvo dos oportunidades para restablecer el rumbo, pero ya era tarde. El servicio de Djokovic hizo el resto. Jaque mate.

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