Una de las primeras decisiones de Jokin Aranbarri al frente del Eibar estaba en la punta de ataque. El técnico guipuzcoano había apostado durante la pretemporada por un 4-2-3-1, un dibujo que dejaba una única plaza para dos candidatos: Jon Bautista y Mikel Martón. En el estreno liguero ante el Tenerife, la elección fue clara: Bautista.
El delantero de Errenteria partía con cierta desventaja después de un curso en el que perdió protagonismo en favor de Martón, autor de 14 goles en 39 encuentros. Pero el cambio de entrenador abrió de nuevo la carrera por la titularidad y Bautista supo aprovechar el verano para convencer a Aranbarri.
La respuesta llegó sobre el césped. Cuando el partido ante el Tenerife se había adentrado en la media hora, Bautista apareció para devolver las tablas al marcador. Arbilla encontró el espacio, Magunazelaia puso el balón dentro del área y el delantero, después de un gran control, resolvió la jugada para estrenar su cuenta goleadora en la competición. Un gol especialmente significativo para Bautista, que durante todo 2026 apenas había conseguido marcar una vez en Ipurua. El nuevo curso, en cambio, no podía haber comenzado mejor para él.
Aranbarri ya había dejado claro antes del encuentro que cuenta con ambos delanteros. "Tenemos dos delanteros muy buenos y confío mucho en los dos", señaló en la previa. Sin embargo, su primer once oficial despejó la incógnita: Bautista ofrecía al técnico un mayor repertorio de movimientos y también un trabajo defensivo más intenso.
La gran sorpresa estuvo en el papel de Martón. Su suplencia entraba dentro de lo previsible, pero no tanto que tampoco fuera una de las primeras alternativas cuando el escenario reclamaba soluciones ofensivas. Con el Eibar por detrás en el marcador, el navarro pasó buena parte de la segunda mitad calentando, aunque tuvo que esperar hasta el tramo final para entrar, junto a Guruzeta.
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