El Sporting de Gijón se llevó tres puntos de oro del Alfonso Murube tras imponerse por 0-2 a la AD Ceuta. Los goles de Sarco y Guille Rosas, uno en cada mitad, certificaron un triunfo que impulsa a los asturianos hacia la zona noble de la clasificación y prolonga la pesadilla del conjunto caballa, que suma ya cuatro derrotas consecutivas y continúa hundido en el último puesto.
Los visitantes saltaron al césped con las ideas claras y pronto comenzaron a generar peligro. Gaspar y Duñabeitia protagonizaron los primeros avisos, mientras el Ceuta no encontraba la manera de frenar el empuje rojiblanco. Sarco estuvo cerca de inaugurar el marcador tras superar a Guille Vallejo, pero Toni Abad apareció bajo palos para evitar el tanto. El pobre inicio local comenzó a impacientar a una grada que no tardó en mostrar su descontento.
La insistencia sportinguista encontró premio en el minuto 29. Guille Rosas fabricó una buena acción por la banda derecha y puso un balón que Sarco convirtió en el 0-1 prácticamente a puerta vacía. La lesión de Pablo García obligó poco después a mover el banquillo visitante, mientras que el Ceuta buscó una reacción inmediata con un doble cambio antes del descanso. La apuesta dio resultado y los locales dispusieron de varias oportunidades para empatar, especialmente en un remate de cabeza de Carlos Hernández.
Tras la reanudación, el equipo caballa elevó sus prestaciones. Sevikyan estuvo a punto de devolver las tablas con un potente disparo que se estrelló en el larguero. Sin embargo, el Sporting también encontró espacios y pudo ampliar su ventaja en varias llegadas, con Sarco y Lapeña como protagonistas.
El intercambio de golpes terminó decantándose del lado visitante. Una magnífica combinación colectiva permitió a Gaspar asistir a Guille Rosas, que no perdonó para establecer el definitivo 0-2.
En los últimos minutos, Enol rozó el tercero y Rubén Yáñez evitó el tanto local con una gran intervención ante Camacho. El pitido final confirmó una nueva decepción para el Ceuta, despedido entre los silbidos y los gritos de «¡fuera, fuera!» de una afición cada vez más desesperada.
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