La ley de Agustín Tapia y Arturo Coello

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Los «Golden Boys» brillan y reinan en Cancún con una remontada de infarto ante unos combativos Lebrón-Augsburger

El pádel es un deporte monárquico. Al igual que en los libros de historia, en el 20×10 las etapas se definen por sus reyes. Tiempo atrás fueron Fernando Belasteguín y Juan Martín Díaz, hace no tanto fueron Alejandro Galán y Juan Lebrón, y desde 2023 ese título recae sobre Agustín Tapia y Arturo Coello. Suya es la hegemonía del pádel actual y apunta a extenderse durante mucho tiempo.

A estas alturas de la película su legado ya es histórico y sus 44 títulos como pareja son el mejor de los avales. Una cifra escandalosa que ha sumado su último dígito en el Cancún P2. Sí, en el mismo escenario en el que estuvieron a punto de despedirse en octavos de final hace unos días. Pero es que Agustín Tapia y Arturo Coello son así, dos equilibristas bailando sobre el abismo.

Agustín Tapia y Arturo Coello / Fuente: Premier Padel
Fuente: Premier Padel

En la final, ante Juan Lebrón y Leo Augsburger, volvieron a hacerlo. La pareja 3 de Premier Padel quería vengarse de lo ocurrido en Riad y estuvieron muy cerca de conseguirlo. Pero se chocaron con una cruda realidad. En el pádel de hoy impera la ley de Agustín Tapia y Arturo Coello. Ellos ganan cuando quieren y al resto no le queda otra que asumirlo.

Un «Mozart» afinado y un «King» demoledor

Porque Juan Lebrón y Leo Augsburger demostraron que hay alternativa al gran «Clásico» habitual del pádel. Son capaces de mirar de tú a tú a los grandes dominadores de este deporte y, lo más importante, ponerles contra las cuerdas. Su primer set lo acredita, llevando hasta el tie-break una manga que caía de su lado para acercarse a su primer título como dupla.

Pero es ahí, en esos momentos de duda, cuando se ve la diferencia entre los buenos y los mejores. Los buenos se quedan tocados. Los mejores le dan la vuelta a los partidos. Y Agustín Tapia y Arturo Coello son del segundo grupo. Se ponen el mono de trabajo e inician la remontada. Así, del 7-6 en contra, se pasó a un 6-3 que igualaba la final.

El último set fue un regalo al deporte y al aficionado. Momentos para ambas parejas y emoción… hasta que los «Golden Boys» lo permitieron. Con 6-5 a favor, cuando la mano tiembla, es de esos momentos en los que afilan el colmillo y huelen la sangre. En Cancún lo olieron, cazaron a su presa y sellaron la final. Otro título más para los reyes. Otro escenario conquistado. No traten de entenderlo, es la ley de Agustín Tapia y Arturo Coello.

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