El Atlético de Madrid da por cerrada la primera fase de su planificación estival con la incorporación de Kang-in Lee, que se suma a las llegadas de Grimaldo y Hjulmand. Tras una inversión cercana a los 90 millones de euros, sin incluir los posibles variables, la prioridad del club pasa ahora por equilibrar las cuentas mediante varias salidas.
Con la plantilla prácticamente perfilada en cuanto a refuerzos, el director general de fútbol, Mateu Alemany, centra sus esfuerzos en la operación salida. El objetivo es obtener ingresos y, al mismo tiempo, reducir la masa salarial con varios futbolistas que no entran como piezas fundamentales en el proyecto de la temporada 2026-27.
Entre los casos más avanzados figura el de Thiago Almada. El centrocampista argentino ha despertado interés en distintos mercados y cuenta con pretendientes tanto en Arabia Saudí como en Argentina. Sin embargo, es el Flamengo el que parece mejor situado para hacerse con sus servicios, lo que permitiría al Atlético ingresar una cantidad por un jugador cuya etapa en el Metropolitano podría ser muy breve.
Solución en Italia
También aparecen en la rampa de salida Alexander Sørloth y Matteo Ruggeri. El delantero noruego, pese a haber firmado registros ofensivos destacados, no ha logrado consolidarse como un indiscutible para Diego Simeone, mientras que el lateral italiano ha perdido protagonismo tras el desembarco de Grimaldo, que le cierra el camino hacia la titularidad.
Ambos futbolistas mantienen un buen cartel en la Serie A y el Atlético confía en que desde Italia lleguen ofertas que satisfagan tanto a los jugadores como a la entidad rojiblanca, que espera obtener un retorno económico por sus traspasos.
Distinta es la situación de Thomas Lemar y José María Giménez. En ambos casos, el club prioriza encontrarles un nuevo destino para liberar una importante carga salarial, ya que el escaso tiempo que resta en sus respectivos contratos dificulta la posibilidad de obtener una compensación elevada por sus ventas.
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