Han puesto la velocidad de crucero y comienzan a distanciarse del puerto en el que están varados Alejandro Galán y Fede Chingotto. En el pádel masculino ha vuelto a imperar la ley de Agustín Tapia y de Arturo Coello, esa norma suprema que dicta que en el final de los torneos la imagen habitual es la de ver a ambos con el título en sus manos. En Burdeos la imagen es la misma por cuarto torneo consecutivo. Primero fue Roma, luego llegó Valencia, siguió Valladolid y la conquista, por ahora, se cierra en Burdeos.
Y eso que Alejandro Galán y Fede Chingotto estuvieron muy cerca de tomarse la revancha de las últimas finales. Pero es que a los Golden Boys hay que rematarlos porque si hay una mínima opción lo más probable es que la aprovechen. Galán y Chingotto no remataron la faena y se marchan de Burdeos tras recibir un nuevo golpe de autoridad por parte de los número 1 del mundo. Porque no brillaron como otras veces, pero si hay una pareja que no necesita brillar para ganar es la que forman Tapia y Coello.
Hay veces que se exhiben y hay veces que se ponen el mono de trabajo, aceptan que les toca sufrir y pelean en el barro por añadir un nuevo título a sus vitrinas. El 7-5 del primer set en favor de sus rivales les obligó a adoptar esa postura. Y el posterior 7-6 y 6-2 a su favor reivindica que también conocen el camino alternativo del éxito. Sea como sea se las apañan para seguir ganando, para seguir con la corona del pádel mundial sobre sus cabezas y para seguir siendo la gran pesadilla del resto de parejas.

Un golpe moral
Una de las fortalezas de Agustín Tapia y de Arturo Coello es saber cuándo sus rivales están tocados y cuándo hay que atacar. Así, después de darle la vuelta al tie-break, con Galán y Chingotto tocados anímicamente, los Golden Boys salieron a morder y consiguieron un break inicial que acabó por tumbar a sus rivales. A partir de ahí, los número 1 se lanzaron a por un nuevo título y los número 2 se resintieron y se resignaron a asumir la derrota.
De Burdeos se marchan muy tocados Galán y Chingotto. Todo lo contrario a la sensación imparable que viven Tapia y Coello, que se juntaron para cambiar su destino en este 2026 tras el torneo de Buenos Aires. Y, a la vista de lo ocurrido, encontraron la tecla necesaria para volver a la senda del éxito y mirar con más fuerza y desde más cerca la posibilidad de asegurar un año más el trono del pádel mundial.
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