Botafogo: La solidez como principal baza

El Fogão se postula como uno de los candidatos para alzar el Brasileirão

Botafogo es uno de los grandes equipos del panorama brasileño. Su tradición e historia le han creado un nombre, sus títulos le avalan y sus afición le aúpa a las primeras posiciones. Tras su descenso en 2020 no han hecho más que mejorar: en 2023 una paupérrima racha final les arrebató la liga y en 2024 no hubo rival que les eclipsara hacia el título doméstico. Ese mismo año hicieron doblete entre Brasileirão y Libertadores, casi nada. Ahora, tras sortear la sanción de la FIFA por el ‘caso Almada’, la Estrella Solitaria se posiciona como uno de los candidatos en la carrera por la Serie A Betano.

El legado de la Estrella Solitaria

El Botafogo que conocemos hoy en día surge de la fusión del Club de Regatas Botafogo y el Botafogo FC en 1942. Previa a esta unión ya habían cosechado varios campeonatos estaduales de Río de Janeiro, la ciudad del Fogão. A partir de esta vinculación entre el equipo de regatas y el de fútbol nació el escudo actual con la estrella solitaria. Durante las décadas de los 50 y 60, Botafogo era la base de la selección brasileña campeona del mundo en 1958 y 1962. Contaban con jugadores de la talla de Garrincha, Nilton Santos, Didi, Zagallo o Quarentinha, el máximo goleador histórico del club con 313 tantos. Esta constelación de jugones les sirvió para ganar la Taça de Brasil en el 68, su primer título nacional. Para el Mundial de 1970 volvió a ser base de la ‘verde-amarela’ con Jairzinho a la cabeza.

Después de 21 años de sequía, en 1989 volverían a levantar un campeonato estadual carioca ante Flamengo, en un torneo que ganaron de forma invicta. Cuatro años después se harían con la Copa CONMEBOL, uno de los trofeos más importantes de las vitrinas alvinegras. En 1995 ganarían el Brasileirão contra Santos en la final. Pero como nada es fácil para Botafogo, en 2002 descendieron a Serie B, aunque al año siguiente volverían a primera división. Tras el paso de cracks como Lodeiro o Seedorf, en 2014 y 2020 volverían a repetir descenso. Desde su vuelta a la élite del fútbol brasileño, ha pasado a ser propiedad al 90% del empresario John Textor y, a decir de verdad, no le ha ido mal al Fogão. La liga de 2023 se le escapa por una racha final pésima, pero la de 2024 vino acompañada de una Copa Libertadores.

Un ‘quiero y no puedo’ constante

Botafogo arrancaba su temporada como vigente campeón nacional y continental. El rival a batir para todo Brasil y toda Sudamérica. Con el cartel de favorito en todos los torneos, una presión que no supo aguantar y un estatus que no pudo mantener. Perdió tanto la Supercopa de Brasil contra Flamengo, como la Recopa Sudamericana contra Racing. En el campeonato Carioca quedó en novena posición lejos de su máximos rivales Flamengo, Fluminese y Vasco da Gama. Cayeron en la Taça de Brasil en cuartos de final y en la Copa Libertadores en octavos la LDU de Quito. En cuanto al Mundial de Clubes, tuvieron una participación destacada después de ganar por 3-0 al PSG campeón de Europa, pero su andadura llegó a su fin en octavos de final, en un partido ante Palmeiras.

El Brasileirão siguió la misma tónica que el resto de las competiciones. Sin grandes alardes ni alegrías, pero sin actuaciones pésimas o trágicas. A pesar de una racha inicial irregular, para el primer tercio de la temporada ya estaban en sexta posición. Puesto al que se afinó hasta el cierre del curso. Nunca hubo sensación de poder atacar la cima de la clasificación ni miedo de caer a posiciones de Sudamericana. A pesar de ello, la directiva consideraba capaz a la plantilla de dar un paso al frente y cesó al entrenador Renato Paiva para darle la alternativa a Davide Ancelotti, en su primera experiencia como primer técnico. Sin embargo, los resultados fueron continuistas y en la actualidad el encargado de dirigir a la Estrella Solitaria es el argentino Martín Anselmi.

Estilo de juego y once tipo

Durante la temporada 2025, Botafogo practicó un fútbol equilibrado y estructurado, con una defensa compacta y organizada que redujo sus fragilidades y transiciones rápidas cuando recuperaba el balón. El equipo no se sustentó en una posesión dominante, sino en una cohesión colectiva en bloque medio y medio‑bajo. Fueron capaces de sostener resultados y cerrar espacios, aunque con cierta irregularidad ofensiva en el último tercio. La falta de un goleador fue lo que más lastró al Fogão, ni Chris Ramos ni Arthur Cabral demostraron ser diferenciales en la punta de ataque.

De cara a 2026, con la llegada de Martín Anselmi, se espera una evolución hacia un juego más ofensivo y con presión adelantada, manteniendo el orden defensivo del año pasado pero añadiendo posesión construida con más fluidez, variaciones tácticas en sistemas de tres centrales y una presión más coordinada sobre el rival. El objetivo es que Botafogo no solo resista, sino que también tenga más protagonismo con el balón y mayor capacidad creativa en el último tercio. Sin embargo, llevar a cabo su táctica requiere de centrales rápidos y por ahora no tiene en nómina tres zagueros consistentes y recuperar a Bastos debe ser primordial para el funcionamiento de la táctica de Anselmi.

Once tipo (3-5-2) : Neto; Marçal, Barboza, Mateo Ponte; Vitinho, Allan, Danilo, Newton, Alex Telles; Cabral, Montoro.

¿Qué esperar de Botafogo?

De Botafogo se puede esperar tranquilidad. Es una base sólida de futbolistas, pero el talento en el área rival es su asignatura pendiente y lo que le hace darse de bruces con su techo. Tiene una estructura que le permitirá sacar muchos partidos adelante por su saber estar y sus espaldas anchas, pero es labor de Anselmi que un equipo serio pueda ser más alegre de cara al gol. Si funciona la táctica propuesta por el argentino, soñar es gratis y sin duda pueden dar el paso de candidato a favorito.

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