Un nuevo contratiempo del central uruguayo, y ya van muchos, fue el principio del fin para el Atlético
En un partido dominado por la táctica, en el que Inzaghi y Simeone estaban jugando su partida de ajedrez particular, bastó con la caída de un peón para que el juego cambiase por completo. Quizás el cambio radical del equipo puede indicar que no fue un peón lo que cayó y sí una pieza más importante. Pero para desgracia del estratega Simeone, esa pieza pasa más tiempo fuera del tablero que dentro de él, en una situación cada día más insostenible. A un lado queda todo lo bueno que pueda aportar sobre el terreno si acostumbra más a estar lejos de él, que en él.
Y sí, es insostenible. Es insostenible que un club de primer nivel, que «aspira» a competir en todas las competiciones, tenga entre sus filas a un jugador que, según datos de Transfermarkt, se ha perdido 107 partidos por lesión desde que llegó al Atlético de Madrid. La friolera cifra de 107 partidos en un jugador llamado a tomar el relevo de aquella mítica dupla Godín-Miranda. Y la realidad es que ese «marrón» se lo han comido aquellos que no estaban llamados a ser actores principales, sacando muchas veces las castañas del fuego y otras muchas veces no.
El mejor ejemplo de esto es Witsel. Un futbolista que llegó al club cerca del retiro y en su espalda se sustenta la defensa del equipo. Siendo él, cabe recordar, un mediocentro defensivo reconvertido, por la causa, a central. Todo ello por culpa de aquellos que han permitido y gestionado la presencia de la dupla Savic-Giménez durante tantos años en un Atlético que ha perdido en combate a sus centrales en 190 ocasiones si sumamos las bajas de ambos. Y por cosas como estas no solo se debe mirar al césped a la hora de buscar responsables cuando las cosas no marchan como deberían.

El amigo Arnautovic
Volviendo a Milán y a la trama del partido, la marcha de Giménez dio alas a un Inter que aprovechó la baja del uruguayo para hacer tambalear al Atlético. Las triangulaciones y paredes al primer toque desarbolaban la defensa rojiblanca una y otra vez. Algo que en el primer tiempo habían conseguido frenar Witsel y Giménez. Pero la marcha del segundo y la posterior salida de Hermoso acrecentaron un problema que hubiera sido catastrófico si el Inter hubiera estado más fino.
Para fortuna del Atlético, Arnautovic fue un buen amigo más allá del único y solitario gol del encuentro que llegó de sus botas. El austriaco demostró su papel de suplente y mandó al limbo lo que podía haber sido un punto y final a la eliminatoria. Gracias a eso, el Atlético llega con vida a un Metropolitano que no fallará a la cita con los suyos. Lo que queda por ver es si ellos hacen lo mismo sobre el césped, con o sin un Giménez que debe abandonar el tablero colchonero definitivamente.






