El Atlético ni pudo ni lo dejaron

La eliminación a las puertas de la final de Budapest queda marcada por la polémica arbitral orquestada por el colegiado alemán Daniel Siebert

Volvió a pasar. El Atlético de Madrid vio esfumarse su sueño europeo a las puertas de Budapest. En una noche para el olvido, o al menos eso esperan los que volvieron a orquestar un atraco al conjunto rojiblanco. Quizás ellos esperan que pase inadvertido y se borre con el tiempo, pero no. Será difícil olvidar cómo Daniel Siebert se unió al club de Clattenburg y Marciniak, entre otros.

Y no es excusarse, por mucho que Simeone evitara entrar en polémicas. Es no poner la mejilla y pelear ante la enésima bofetada de la UEFA al Atlético de Madrid. Porque no es una situación puntual, ya es recurrente. Pero si la respuesta es el silencio y aceptar a cambio el convertir el Metropolitano en la sede de una final, no será la última.

El orgullo, coraje y corazón también se tiene que demostrar institucionalmente. No basta con publicaciones en redes sociales a modo de capotazo cuando el toro ya no está en el ruedo. Se vio en Milán en la última final de los rojiblancos, se vivió en Madrid el curso pasado y se repitió en Londres ante un Arsenal que lloró en la ida y tuvo recompensa en la vuelta.

Atlético de Madrid

Vuelta a tiempos pasados

Porque lo acontecido por Daniel Siebert sobre el Emirates Stadium no deja indiferente a nadie. Ya es sospechoso que la UEFA nombre a un árbitro alemán para dirigir a un equipo español en una noche así. Sobre todo mientras España y Alemania pelean por una plaza extra para la próxima Champions League. Conflicto de interés se suele llamar…

Pero la cosa no queda ahí. En el primer tiempo, un supuesto fuera de juego del que no existen repeticiones, en una acción que termina con un claro penalti de Calafiori sobre Giuliano. Tal es la vergüenza que ha tenido que ser el propio Giuliano el encargado de mostrar una imagen en la que no se aprecia por ningún lado la posición ilegal.

Sin embargo, eso es un simple aperitivo para lo vivido en el segundo acto. Otro penalti sobre el jugador argentino, esta vez de Gabriel, que ni vieron ni quisieron ver los responsables arbitrales. Con Raya superado y con la única tarea de rematar a portería vacía, desequilibrar al jugador e impedir su remate no parece ser una acción sancionable.

Atlético de Madrid

La traca final de Siebert

Y sí, aunque parezca difícil, lo mejor estaba todavía por llegar. Porque a su arbitraje casero y lejano a lo que se espera de un colectivo arbitral en unas semifinales de la máxima competición continental, todavía le quedaban más actos. El más flagrante, el tercer penalti no señalado a favor del Atlético y que expone directamente a Siebert.

Calafiori, que ya había comprobado el nivel del colegiado alemán, decidió hacer otro penalti. Total, no se lo iban a pitar. Un pisotón clarísimo sobre Griezmann que ni Siebert ni el VAR mandaban a los once metros inventándose una falta de Pubill sobre Gabriel. Sobra decir que es inexistente y que el propio Siebert no la señaló en el campo hasta que no vio a Griezmann en el suelo.

En definitiva, el Atlético ni pudo ni lo dejaron soñar con la Champions y viajar a Budapest. Quizás porque no sea del gusto de la UEFA escuchar las tremendas pitadas a su himno en cada partido del Metropolitano. O quizás porque tengan miedo a que su preciado trofeo acabe en el Manzanares si algún día los astros se alinean y el Atlético de Madrid pone fin a su maldición con esta competición.

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