Chicago ha pasado del entusiasmo inicial al examen de realidad, pero con una constante clara: la llegada de Josh Giddey ha transformado al equipo. Los Bulls ya no solo compiten; empiezan a parecer un proyecto serio
Chicago pasó de la euforia al baño de realidad en cuestión de días. Después del sorprendente 5-0 inicial, el equipo entró en una fase más humana, pero sin perder el hilo conductor de una idea que empieza a asentarse. Hoy, con un 6-5 y varias certezas asomando, los Bulls parecen menos una anomalía y más un proyecto que intenta despegar de verdad.
Giddey, la pieza que desbloquea todo
El movimiento más discutido del verano -el intercambio por Josh Giddey- empieza a convertirse en un acierto rotundo. Lejos de su etapa gris en Oklahoma, el australiano se ha vuelto el motor de Chicago con números que rozan el triple-doble: 21,4 puntos, 9,6 rebotes y 9,3 asistencias.

Pero más allá de los datos, Giddey ha devuelto al equipo un estilo reconocible: ritmo alto, circulación rápida y lectura constante. El base se ha transformado en un generador fiable, más agresivo en el tiro y con una versión defensiva mucho más comprometida. A sus 23 años, transmite por fin la sensación de estar jugando donde le toca.
Buzelis, talento frenado por las faltas
En el caso de Matas Buzelis, la película es más irregular. El alero deja destellos de calidad, pero sus problemas con las faltas lo están sacando de partido demasiado pronto. Cinco veces ha terminado con cuatro o más personales en solo diez encuentros, una losa que frena su impacto.

El cuerpo técnico le exige físico, contacto y consistencia defensiva, y el calendario tampoco le ha dado tregua: ya se ha cruzado con perfiles como Banchero, Mobley o Jalen Johnson. Aun así, la franquicia sigue confiando en que, cuando controle ese ímpetu, emergerá la versión que esperan: un tres alto capaz de condicionar partidos en ambos lados.
Un calendario infernal… y ahora, la luz
Chicago no ha tenido un inicio amable. Según las métricas de ESPN, disputó el calendario más duro de toda la NBA durante las primeras semanas. Aun así, compitió casi cada noche y solo se desplomó frente a versiones estelares de jugadores imparables como Wembanyama, Giannis o Donovan Mitchell.

La buena noticia para los Bulls es que todo apunta a que lo peor ya pasó. Con Coby White a punto de regresar, el resto del calendario se vuelve más amable y la Conferencia Este vive un momento plagado de lesiones que puede abrir oportunidades.
Un plan reconocible, a falta de un finalizador
Si algo ha quedado claro es que Chicago ya tiene una identidad: profundidad, velocidad, generosidad y un núcleo joven que crece sin prisa. Falta, eso sí, una estrella capaz de cerrar partidos. Esa pieza que convierte un buen planteamiento en una victoria segura.
Pero por primera vez en años, la franquicia parece haber encontrado un punto de partida sólido. Y eso, en Chicago, no es poca cosa.





