Debido a las protestas y «por motivos de seguridad», la organización tuvo que recortar el recorrido tres kilómetros
La undécima etapa de esta edición de La Vuelta tenía inicio y final en Bilbao. 157,4 kilómetros con 3185 metros positivos, un día de desgaste debido a que los corredores debían superar hasta siete cotas, divididas en puertos de segunda y tercera categoría. Sin duda, un día en el que no se gana una gran vuelta, pero sí que se podía perder.

Después de 6,6 kilómetros de salida neutralizada, la mirada estaba puesta en el primer puerto de la jornada, el Alto de Laukiz. Tras la primera subida y muchos movimientos en el pelotón para formar un fuga, Mads Pedersen y Joel Nicolau conseguían abrir un pequeño hueco. En el segundo puerto, también de tercera categoría, el ciclista del Lidl-Trek soltaba a Nicolau al principio de la subida. Pedersen fue neutralizado por el pelotón a consecuencia de las duras rampas del Sollube.
El danés insistía y esta vez se iba con Marc Soler y el ciclista del movistar, Orluis Aular. La fuga se consolidaba y consiguió ampliar la distancia a un minuto respecto al pelotón, mientras, Visma se hacía con el control de este. Llegaba el tercer puerto de la jornada, el Balcón de Bizkaia, la distancia de los escapados subía a 1´20″. Sin embargo, durante la bajada de esta tercera cota, el pelotón recortó a la fuga hasta 40 segundos.

Comenzó el cuarto puerto del día, el Alto de Morga, al igual que los anteriores, de tercera categoría, 8,2 kilómetros al 3,5%, una subida larga pero suave. Soler coronó el puerto en solitario y se formó un grupo perseguidor con Campenaerts, Nicolau, Buitrago y Vervaeke. Afrontaban entonces la primera subida al Vivero, una cota dura de 4,2 kilómetros al 8,3%. Mikel Landa quería protagonismo en su tierra y atacó para coronar en solitario, seguido de Buitrago.
Mala suerte tuvo el español del Soudal Quick-Step, al que le volvieron los dolores en la espalda antes de afrontar, de nuevo, el Alto del Vivero. No pudo seguir el ritmo de Buitrago y fue neutralizado por el pelotón. Jonas Vingegaard quería el triunfo y el Visma impuso un ritmo fuerte, ya solo quedaban 30 kilómetros para el final. El colombiano del Bahrain Victorious comenzaba la segunda subida al Vivero.

Empezaron las hostilidades y el UAE ya seleccionaba al pelotón. Fisher-Black, del Red Bull-BORA, se ponía a tirar, con Jay Vine, Vingegaard y los demás favoritos a su rueda. Almeida lo probó, automáticamente el danés del Visma reaccionaba y se ponía a su estela, Pellizzari quería continuidad en el puerto y volvía a cambiar de ritmo. Buitrago, con otro ataque del portugués de UAE, era absorbido por el grupo de los mejores.
Afrontaban la bajada y con la mirada puesta en el último y decisivo puerto de la undécima etapa, el Alto de Pike, 2,3 kilómetros al 8,9%. Las protestas iban a hacer que la organización acortase la etapa tres kilómetros «por motivos de seguridad», no iba a haber ganador de etapa y los tiempos se pararían a tres kilómetros de meta. Comenzaba el puerto, con rampas del 16%, Tom Pidcock atacó y consiguió soltar hasta al propio Jonas Vingegaard, que volvía a su rueda, aunque el británico insistía y lo volvía a soltar abriendo aún más hueco.
Finalmente, Pidcock y Vingegaard colaboraban en el descenso hasta llegar al punto indicado por la organización que daba fin a la etapa. El británico y el danés consiguieron la bonificación del puerto además de unos segundos más que provocaron el aumento de tiempo entre Vingegaard y Almeida, y que Pidcock acortase su distancia con el portugués.
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