El Real Madrid y el Valencia Basket protagonizaron anoche en el Martín Carpena de Málaga una final vibrante que se resolvió en favor del conjunto taronja por 94-98, otorgándole el título de la Supercopa de España. Fue un encuentro intenso, de alternativas constantes y decidido en los pequeños detalles durante los instantes finales, con un protagonista principal. El joven base Sergio de Larrea, que se erigió como MVP del partido con una actuación sobresaliente.
Un inicio dominado por la fuerza blanca
El Martín Carpena de Málaga volvió a ser escenario de una gran final, esta vez con el Real Madrid y el Valencia Basket como protagonistas en la lucha por la Supercopa de España. El partido arrancó con el conjunto blanco imponiendo su físico y su experiencia. Mario Hezonja asumió pronto galones en ataque, penetrando con decisión y encontrando aro con relativa facilidad. Y Facundo Campazzo trataba de acelerar el ritmo en cada transición. El 27-24 del primer cuarto reflejaba la ligera superioridad del Madrid en esos primeros compases, aunque también dejaba entrever que Valencia no estaba dispuesto a perder el pulso.
En el segundo periodo llegó la primera gran reacción del equipo de Pedro Martínez. Valencia encontró fluidez ofensiva gracias a la movilidad de sus exteriores y al acierto desde la línea de tres puntos. Kameron Taylor y Omari Moore asumieron protagonismo, abriendo espacios para que jugadores como Reuvers o Pradilla pudieran hacer daño cerca del aro. El parcial de 17-27 en ese cuarto fue demoledor: el Madrid perdió consistencia en ataque, se precipitó en varias posesiones y vio cómo el rival daba un vuelco al marcador. Al descanso, el 44-51 reflejaba un Valencia más sólido, que había sabido ajustar su defensa y golpear con dureza en la parcela ofensiva.

El Madrid reacciona tras el descanso y la aparición de De Larrea
El tercer cuarto volvió a poner de manifiesto la capacidad de respuesta de los blancos. Campazzo tomó el mando, generando desde el bloqueo directo, y Hezonja continuó con su producción ofensiva. Gabriel Deck también se unió con puntos importantes y el Real Madrid logró un parcial de 15-4 que encendió a su afición y le permitió colocarse con ventaja (59-55). Fue entonces cuando Pedro Martínez detuvo el encuentro con un tiempo muerto que cambió el rumbo. Valencia, lejos de venirse abajo, recuperó el equilibrio y se mantuvo en la pelea, resistiendo los mejores minutos del rival.
El último cuarto fue una batalla de nervios. Cada posesión adquiría un valor enorme, con defensas físicas, contactos continuos y un ambiente de final a la altura de lo esperado. El Real Madrid trataba de imponer su experiencia, con Llull encontrando triples que mantenían vivas las opciones de su equipo. Sin embargo, fue entonces cuando emergió la figura de Sergio de Larrea, un base de apenas 19 años que jugó como si llevara toda una década disputando partidos de máxima exigencia. Con temple en la dirección, personalidad para asumir lanzamientos y una eficacia casi impecable en el tiro libre (9/10), De Larrea lideró el tramo decisivo. Anotó 21 puntos en total, muchos de ellos en los momentos de mayor presión, y se convirtió en el héroe inesperado de la final.
Valencia Basket dio un paso adelante
El Real Madrid, con Campazzo (18 puntos) y Hezonja (19) como referentes, buscó el golpe definitivo hasta el último instante. Tavares dominó en defensa, pero el equipo de Scariolo careció de continuidad ofensiva en los momentos críticos. Valencia, en cambio, se mostró más sereno en la gestión de las últimas posesiones. Taylor sumó 17 puntos con apariciones puntuales de gran valor, Reuvers aportó solidez y Pradilla volvió a confirmar su papel de jugador fiable en partidos grandes. El marcador final, 94-98, consagró al Valencia Basket como nuevo campeón de la Supercopa.
Sensaciones de una final intensa
El encuentro dejó varias lecturas. El Real Madrid mostró momentos de gran nivel, pero se vio intermitente en su juego ofensivo y no pudo mantener la regularidad necesaria. Valencia Basket, por su parte, firmó una actuación coral en la que el acierto en el tiro y la serenidad en el cierre marcaron la diferencia. Por encima de todos brilló la figura de De Larrea, que se convirtió en símbolo del triunfo taronja. Su irrupción, en un escenario tan exigente y ante un rival de máxima entidad, no solo resultó decisiva para conquistar el título, sino que abre una nueva página en la historia reciente del club y del baloncesto español.
El pabellón, con la tensión propia de una final ajustada, fue testigo de un duelo de alternativas constantes, decidido por detalles y por la capacidad de un equipo para mantener la calma en el momento decisivo. El título viaja a Valencia, con un nombre propio que brilló con luz propia: Sergio de Larrea.






