Su marcha es algo más que la despedida de un entrenador. No solo Sergio Scariolo termina una etapa a nivel nacional, también lo hace con él toda una generación de jugadores y aficionados. Una que ha disfrutado de los mejores años de nuestro baloncesto y ha visto a su país en lo más alto de la élite. Una que llegamos a convertir en rutina y que un golpe tan duro como el vivido en este EuroBasket nos lleva a reconocer aun más ese glorioso pasado del que venimos.
El nacido en Brescia llegó a La Familia en 2009 para entrenar a un equipo que venía de ganar el MundoBasket de 2006 y el Europeo de 2007 con Pepu Hernández, y de haberle plantado cara a Estados Unidos, ya con Aíto García Reneses en el banquillo, en la final de los Juegos Olímpicos de Pekín 2008. Por tanto, las expectativas estaban altas. Scariolo venía de llevar a Unicaja Málaga a su primera Final Four de Euroliga en su historia, más sus pasos por Real Madrid y TAU Cerámica Baskonia. Aun así, las dudas con su elección resonaban levemente.
Con un núcleo de jugadores muy unido (los Gasol, Navarro, Reyes, Calderón) estaba por ver como iba a encajar allí el entrenador italiano, que además se caracterizaba por un perfil brillante en torno a lo técnico táctico, pero algo más frío en eso de ser un motivador. En su primer torneo, el EuroBasket de 2009, España se haría con el oro y lo revalidaría en 2011. Entremedias, en el Mundial de 2010, sufriría una de las derrotas más duras que se recuerdan contra Serbia tras un triple en los últimos segundos de Milos Teodosić que nos privaba de luchar por las medallas. A pesar de ese duro golpe la cosa parecía funcionar.
Cuando Estados Unidos volvió a temernos
En los Juegos de Londres 2012, el mayor foco mediático deportivo que existe, España volvió a deslumbrar al mundo con Scariolo a los mandos. En otra final contra Estados Unidos se rondó la gloria poniendo en verdaderos apuros a los Kobe, LeBron, Durant y compañía. Uno de los equipos más talentosos de nuestra historia juntaba la clase propia del baloncesto europeo y se medía físicamente a cualquiera que se pusiera por delante, entre ellos los mismos estadounidenses.

Puede ser que ese gran sabor de boca llevara a Scariolo a romper esa relación idílica y a dar un paso al lado. Su sustituto, Juan Antonio Orenga, no cumplió las expectativas y el italiano volvió a subirse al barco de la selección dos años más tarde. Otra vez se volvería a hacer historia en el EuroBasket 2015 con un legendario Pau Gasol y en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro de 2016 se consiguió una meritoria medalla de bronce contra Serbia.
La guinda del pastel se consiguió en China
Tras otra etapa más que exitosa la situación de Scariolo con España volvió a ser incierta. Aunque también estaría a los mandos en el Europeo de 2017 donde se consiguió un bronce, la idea inicial de la FEB era hacerse con otro nombre para los banquillos. En el camino para el Mundial de 2019 presentó un cargo intermitente, además de iniciar la aventura americana como entrenador asistente en Toronto Raptors, formando parte del primer anillo de la franquicia. Finalmente, la presencia de Sergio Scariolo se confirmó para ese mundial.
Fue allí donde Scariolo puso su broche de oro. Sin acudir como las principales favoritas se plasmó un campeonato redondo con una semifinal para el recuerdo contra Australia. Aunque el ciclo de muchos, como el de los Gasol, finalizaría en Tokio 2021, con ese mundial se volvía a poner el valor el rendimiento de figuras como Ricky, Marc, Llull o Rudy. En cierto modo, esa generación también obtenía el gran premio por el que tanto había luchado los últimos años.

Seguramente también por eso el oro del EuroBasket de 2022 supo mejor que nunca. Scariolo empezaba a tener que sentar las bases del relevo generacional y mientras tanto éramos capaces de alzarnos con el campeonato. Otra absoluta hazaña de La Familia. Mientras algunos capítulos terminaban para muchos jugadores Scariolo seguía con las manos en el timón, mirando siempre al horizonte.
Gracias por todo, míster
Tras tres últimos años de eliminaciones dolorosas y alguna injusticia poética que a veces se cobra el deporte, España no pudo volver a subirse al podio ni en el Mundial de 2023, los Juegos de 2024 y este último EuroBasket 2025. Sergio Scariolo regresaría a Europa en esos años a su país natal y con la Virtus Bolonia (2021-2023) se alzaría con una Eurocup en 2022. La noticia de que regresaría a la que una vez fue su casa, el Real Madrid, le obligaba a anunciar este Europeo como su último servicio con España. Ahora sí que sí era el final.
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— Baloncesto España (@BaloncestoESP) September 5, 2025
Siempre serás parte de #LaFamilia, COACH @sergioscariolo ❤️#GraciasScariolo #SomosEquipo pic.twitter.com/eSiwUmZDHH
«Me siento en paz con mi conciencia porque creo que todo lo que tenía lo he dado. A veces el resultado en el deporte va bien, va mal; pero cuando tu tienes la sensación de haberlo dado todo tienes que estar en paz contigo mismo», declaró Scariolo en su última rueda de prensa como seleccionador donde fue ovacionado al finalizar. El entrenador respondió a las preguntas con toda la naturalidad del mundo, como aquel estudiante que sabe que volverá el curso que viene a clases con sus compañeros. Solo que esta vez no será así. Tras más de una década de entrenador, una de las banderas de esa época dorada de nuestro baloncesto se marcha, como se marcharon otras: los Gasol, Navarro, Rudy, Llull, Reyes, Ricky, Chacho… Ahora queda reconocer la múltiples alegrías que nos han brindado.
La vacante que deja Sergio Scariolo será compleja de reemplazar, pero aquel que llegue seguro que tendrá como referencia sus tiempos en el cargo. En esto del baloncesto la gloria se suele recordar por las medallas que se consiguieron, pero en el caso de Scariolo sería un forma limitante de recordar su legado. El juego alegre que nos ha brindado toda una generación de jugadores en multitud de torneos ha sido lo verdaderamente admirable. La final contra Estados Unidos en 2012, la semifinal contra Francia en el EuroBasket 2015, la semifinal contra Australia en 2019 o ese EuroBasket de 2022. Recuerdos que tienen el sello de un mismo nombre en el banquillo. Una figura que a veces tiende a obviarse en los momentos de gloria y a añorarse cuando se marchan. No será el caso con Sergio Scariolo.





