Intratable versión del italiano para vengarse de la derrota sufrida en París y derrotar (4-6/6-4/6-4/6-4) a Alcaraz para levantar su primer título en Londres. El saque condenó al español.
Sinner consumó su venganza
Jannik Sinner es, merecidamente, nuevo campeón en el All England Club. Quitándose la espina de París, el italiano venció a Carlos Alcaraz y se convirtió en el primer tenista de su país en campeonar sobre la hierba londinense. Y lo hizo a lo grande, luciendo una entereza mental digna de elogio y poniendo fin a una racha de 20 victorias consecutivas del español en Wimbledon. De igual manera, la racha de triunfos seguidos de Carlos se quedó en 24. Hubo cambio de guardia en la Centre Court. Así pues, el pelirrojo de San Cándido levanta su cuarto título de Grand Slam, acechando los cinco entorchados de su gran rival. La batalla, ahora, quedará aplazada hasta el US Open. Lo que parece evidente es que el nuevo Big Two ha llegado para quedarse. Los datos así lo corroboran. Los últimos 7 Majors han caído en sus manos. Cuatro para el transalpino y tres para el ibérico. Que siga la lucha.
Esperanzador inicio, dramático final
El inicio de la final, por momentos, se asemejó a lo visto en París hace unas semanas. Los dos jugadores se estuvieron probando durante los primeros minutos, esperando a que las hostilidades se desatasen. Fue Sinner el primero en dar un golpe de efecto, quebrando a Carlos en el quinto juego de la primera manga para situarse con un ilusionante 4-2. Fue entonces cuando el español, punzante como siempre en los momentos cumbre, elevó sus prestaciones para darle la vuelta al parcial como de un calcetín se tratase. Los mejores intercambios, los mejores golpes, llegaron en el tramo decisivo del set. Y cuando al virtuosismo se apodera del escenario, no hay nadie como Alcaraz. Suya es la magia. Suya es la creatividad. Buena prueba de ello fue el punto con el que rompió, por segunda vez consecutiva, el servicio del número 1. Una auténtica oda a la defensa sobre hierba. Una bola galáctica.

No le afectó demasiado a Sinner la pérdida del primer set. Esa es una de las grandes virtudes del transalpino: gane o pierda, esté arriba o abajo, no le pierde la cara a los partidos. Ese atributo escasea en el circuito y le hace marcar las diferencias. Sin lucir en exceso, el pelirrojo regresó de su letargo y aprovechó las dudas, especialmente con el saque, de Carlitos. Esta vez no hubo reacción fulgurante. El de San Cándido, incluso, se permitió el lujo de abrochar el segundo set con una derecha cruzada antológica. Definitivamente, la final había entrado en ebullición.
Alcaraz estuvo a merced de Sinner
Sinner trasladó la inercia positiva al arranque del tercer set. Carlos, mientras tanto, seguía incómodo e impreciso con su servicio, acumulando dobles faltas (2) y bajando su porcentaje de primeros (43% en todo el tercer set) significativamente. Cada segundo saque era un calvario para el murciano, ya que el italiano perforaba su zona de revés al resto una vez tras otra. A duras penas, el bicampeón de Wimbledon fue aguantando el tirón, esperando, quizás, un bajón de su archienemigo. «Es mucho mejor que yo, no sé que hacer», intercambiaba Carlitos con su equipo. La desesperación se había apoderado de la mente del Prodigio de El Palmar. Y Jannik supo aprovechar la situación. Rompió el saque de su oponente con 4-4 y, de manera brillante, corroboró su superioridad. Difícil.
Estocada final
Algo había en el ambiente que hacía presagiar un desenlace muy distinto al que vimos en Roland Garros. Sinner tomó buena nota de lo ocurrido en Philippe Chatrier y, esta vez, no dejó escapar su oportunidad. Puso la directa hacia el triunfo final con una rotura en el inicio del cuarto set, para poco después espantar a los fantasmas levantando dos breaks points con 4-3 a su favor. Con maestría y determinación, Jannik confirmó el cambio de guardia en Londres. Su cara lo decía todo. Había completado uno de sus sueños.
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