El Nàstic roza el descenso tras perder en El Palmar
El Nàstic ha tocado fondo y ya no hay excusas que valgan. La derrota en El Palmar ante el Atlético Sanluqueño (1-0), con un gol en el 90’, es la foto perfecta de un equipo sin alma, sin colmillo y sin ninguna capacidad de reacción. No es solo perder: es cómo se pierde. Sin pegada, sin orgullo y con la sensación de que, pase lo que pase, el equipo está condenado a arrastrarse hasta que suene el pitido final.
Lo más humillante es mirar la clasificación y ver al club en una posición indigna de su historia, coqueteando con la zona roja como si esto fuera normal. Veinte jornadas y el Nàstic sigue en caída libre, a dos del descenso, ofreciendo una imagen pobre, plana y resignada. La afición está harta, porque lo que se ve en el césped no es un mal día: es un proyecto sin rumbo, un grupo roto y un fútbol sin identidad, donde cada partido parece un trámite que se sufre en lugar de una oportunidad para levantar cabeza.
Y mientras tanto, arriba, una directiva completamente desconectada del desastre. Silencio, parches y una sensación de apatía institucional que duele casi más que los resultados. Un club como el Nàstic no puede vivir instalado en la mediocridad, ni permitir que su escudo se devalúe jornada tras jornada por falta de decisiones y ambición. Esto ya no es una mala racha: es una vergüenza sostenida. Y lo peor es que, si nadie actúa ya, lo siguiente no será solo un susto… será un golpe definitivo.
Autor: Pablo Triguero




