La generación que cambió el baloncesto español vuelve a reunirse veinte años después de la conquista mundial en Saitama

|Carlos Pérez
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El mítico elenco del Mundial de 2006 revivió en Madrid los recuerdos de una conquista que marcó un antes y un después en el deporte nacional.

Veinte años después de tocar el cielo en Saitama, los héroes del baloncesto español se reencontraron. El auditorio Aragón del hotel Melià Castilla acogió este mediodía el homenaje por el XX aniversario de la conquista del Mundial de 2006, una cita en la que los doce campeones, junto al seleccionador Pepu Hernández y su cuerpo técnico, revivieron anécdotas, recuerdos y emociones de una de las mayores gestas de la historia del deporte español.

La exjugadora internacional Marta Fernández ejerció de maestra de ceremonias en un acto marcado por la nostalgia. Hermana de Rudy Fernández y también integrante de una de las generaciones más exitosas del baloncesto nacional, fue la encargada de presentar uno a uno a los protagonistas de aquella conquista. Así desfilaron por el escenario Pau Gasol, Rudy Fernández, Carlos Cabezas, Juan Carlos Navarro, José Manuel Calderón, Felipe Reyes, Carlos Jiménez, Sergio Rodríguez, Berni Rodríguez, Marc Gasol, Álex Mumbrú y Jorge Garbajosa, además de un emocionado Pepu Hernández, situado en el centro del grupo.

Con todos ya sentados, las pantallas del auditorio devolvieron a los asistentes a septiembre de 2006. Las imágenes de las victorias ante Alemania, Angola, Nueva Zelanda, Japón y Panamá en la fase de grupos, así como los triunfos frente a Serbia y Montenegro y Lituania en las eliminatorias, despertaron sonrisas y comentarios cómplices entre los protagonistas. Veinte años después, las jugadas seguían impresionando, pero el mensaje que más se repitió durante la gala tuvo poco que ver con el talento y mucho con el compañerismo.

Pepu Hernández recordó aquellos días como una experiencia única. El seleccionador destacó que el éxito nació de un grupo que entendió desde el primer momento que había que “trabajar por el equipo, no para estar en el equipo”. Para el técnico madrileño, la clave estuvo en la relación especial que existía entre los jugadores, capaces de anteponer siempre el bien colectivo a cualquier interés individual.

Una idea que compartieron prácticamente todos los campeones. José Manuel Calderón aseguró que aquella selección cambió para siempre el baloncesto español y recordó que “toda España fue parte del equipo”. Álex Mumbrú definió al grupo como una reunión de amigos comprometidos con sus roles, mientras que Rudy Fernández explicó cómo Pepu fue capaz de asignar una función concreta a cada jugador para que todos se sintieran importantes dentro del proyecto.

Cada integrante tuvo también su momento de protagonismo. Marc Gasol rememoró cómo llegó a aquella convocatoria casi como un invitado. “Yo iba allí a calentar a Pau”, bromeó el pívot catalán, que definió aquella experiencia como un punto de inflexión en su carrera. Berni Rodríguez recordó con humor sus inesperados minutos frente a Panamá, mientras que Sergio Rodríguez confesó que antes de los partidos mantenía una peculiar tradición: acercarse a un Seven Eleven para comerse un helado.

Más allá de las anécdotas, la emoción alcanzó su punto más alto cuando la gala repasó los encuentros decisivos frente a Argentina y Grecia. Las imágenes de la semifinal contra los argentinos devolvieron a los protagonistas a uno de los momentos más difíciles de aquel campeonato: la lesión de Pau Gasol. El mayor de los Gasol reconoció que aquella situación fortaleció todavía más al equipo y dejó una de las frases más significativas de la jornada. “La final fue el partido que más disfruté en mi vida como jugador, y ni siquiera lo jugué”, afirmó.

Jorge Garbajosa recordó aquella semifinal como “el partido más duro” de su carrera, mientras que Carlos Jiménez destacó la carga emocional que acompañó al equipo durante aquellos días. Sin embargo, todos coincidieron en una misma sensación: no fueron realmente conscientes de la dimensión de lo que habían conseguido hasta regresar a España y comprobar el impacto que aquella victoria había tenido en todo el país.

La presidenta de la Federación Española de Baloncesto, Elisa Aguilar, fue la encargada de cerrar el acto. Aguilar definió aquel título como una “gesta descomunal” que rompió el techo de cristal del baloncesto español y abrió el camino a los éxitos que llegaron después. Dos décadas más tarde, las medallas, los títulos y los récords siguen formando parte del legado de aquella generación. Sin embargo, si algo quedó claro durante el homenaje, es que el recuerdo que permanece más vivo entre sus protagonistas no son las canastas ni los trofeos, sino la amistad que convirtió a un grupo de jugadores en un equipo campeón del mundo. Mientras, sigue retumbando la voz de Pepu Hernández en aquella celebración en Colón y su ya mítico “Ba-lon-ces-to”.

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