El Albacete vuelve a escena en Segunda con un estreno que no admite demasiadas concesiones. El conjunto de Alberto González se desplaza este domingo hasta el Estadio de Gran Canaria para medirse a una UD Las Palmas llamada, un año más, a pelear por los puestos de privilegio. Un desafío exigente para comenzar el campeonato y una historia que empieza a repetirse para el conjunto manchego.
Desde su regreso a la categoría de plata, el calendario ha sido especialmente duro con el Alba en las primeras jornadas. Los manchegos se han encontrado prácticamente de forma habitual con rivales llamados a luchar por el ascenso. La temporada pasada, por ejemplo, el estreno tuvo como escenario un duelo ante el Almería.
A la dificultad del rival se une, además, un problema que Alberto González arrastra desde la pretemporada: las bajas. El técnico no podrá contar de entrada con Higinio ni Puertas, ambos inmersos en procesos de recuperación de larga duración. Tampoco estará Capi, una de las apuestas de la cantera para este curso, que continúa apartado por sus problemas musculares y todavía necesitará algunas semanas antes de reaparecer.
Noticias positivas
El parte médico ofrece, no obstante, algún motivo para el optimismo. Agus Medina y Valverde afrontan la fase definitiva de sus respectivas recuperaciones, aunque ninguno llegará a tiempo para el estreno. El capitán, eso sí, podría convertirse en una novedad importante de cara a la segunda jornada. Javi Villar, por su parte, permanece entre algodones y su presencia en Gran Canaria no se decidirá hasta última hora.
En el lado positivo aparecen Pacheco, Lorenzo Aguado y Álex Rubio. Los tres arrastraban sendos golpes y el cuerpo técnico optó por no asumir riesgos durante los últimos amistosos, pero todo apunta a que estarán disponibles para entrar en la convocatoria.
La recta final de la preparación se presenta, por tanto, decisiva para Alberto González. Recuperar efectivos y llegar con la mayor parte de la plantilla disponible será el último reto antes de afrontar un comienzo de Liga que, una vez más, obliga al Albacete a ponerse el mono de trabajo desde el primer día.
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