Juan Lebrón, Leo Augsburger y su semana fantástica

Lebrón y Augsburger consiguen en Bruselas su primer título como pareja en un torneo en el que han vencido a las dos mejores parejas del mundo

El deporte es tan bonito como impredecible. Y la historia de Juan Lebrón y de Leo Augsburger es el mejor de los ejemplos. Hace una semana eran protagonistas, en el mal sentido, tras ser eliminados en primera ronda del Newgiza P2. Hoy son protagonistas, en el buen sentido, porque son los campeones del Bruselas P2 en un torneo para el recuerdo.

Y no se quedará en la retina solo porque es el primer título que consiguen Lebrón y Augsburger como pareja. Permanecerá en el tiempo porque han hecho una de las cosas más difíciles en el pádel actual. Derrotaron a los número 2 del mundo, Alejandro Galán y Fede Chingotto, en semifinales. Y vencieron a los número 1 del mundo, Agustín Tapia y Arturo Coello, en la gran final.

Dos colosos en la lona ante el poderío y el juego de una pareja que tiene muchos argumentos para terminar los torneos de la misma forma que lo han hecho en Bruselas. Lebrón tiene la magia y la experiencia. Augsburger el poderío aéreo clave en el pádel moderno y el arrojo de la juventud. Un tándem que ha estrenado su casillero en el Bruselas P2.

Remontada incluida

Y por si fuera poco, su proeza se ha rematado con una remontada a los «Golden Boys». Porque, pese a llegar lanzados por el subidón anímico de las semifinales, Lebrón y Augsburger han tenido que remar mucho en la final. Y es que en poco más de media hora ya habían perdido el primer set con un contundente 6-2.

Y ahí, con la opción de dejarse ir sobre la mesa, ninguno de ellos estaba por la labor. Con Silingo a los mandos tratando de sujetar a dos fieras la semana fantástica de Lebrón y Augsburger seguía cogiendo forma. Para responder con un 6-3 en el segundo set y para calcar un idéntico parcial en la tercera y definitiva manga.

Leo Augsburger y Juan Lebrón / Fuente: Premier Padel
Fuente: Premier Padel

Así son ellos, capaces de lo mejor y de lo peor. De discrepar, hundirse y tocar fondo a conseguir lo imposible. Y ahora, con la mochila descargada de presión y cargada con un título que exhibir, Lebrón y Augsburger quieren más. Con los pies en la tierra, como el propio Lebrón decía al término de la final, pero con el hambre insaciable de un lobo y de un talento generacional.

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